Friday, June 12, 2009

Proceso Creativo - Creative Process

Soy por naturaleza una recolectora de basura; siempre lo he sido, desde muy pequeña. Para mí, rescatar un lindo objeto de la basura vale más que comprar cualquier cosa bella. Probablemente porque crecí en una familia en la cual si bien mis necesidades básicas estaban cubiertas –a veces con mucho esfuerzo—no había dinero extra para gastar en cosas innecesarias, y aprendí que las limitaciones son parte natural de la vida, y han sido (y siguen siendo) de gran ayuda para despertar mi propia creatividad y fortalecer mi autosuficiencia. Gracias a que mis padres se dedicaron a buscar una buena educación pública, particularmente en el área artística, tuve la suerte de encontrarme en clases y talleres donde esta capacidad de crear “con lo que está a mano” era incentivada por los docentes.

Rescato casi cualquier objeto o elemento que puedo encontrar. Puede ser algo que cae de un árbol, una semilla, una pluma, una piedrita interesante, flores secas... incluso las raíces de los yuyos que saco de mi jardín; o puede ser un pedazo de madera o de metal, o partes de electrónicos que ya no funcionan. Muchas de estas cosas las encuentro en casa o caminando por el barrio, y otras son donaciones que recibo de gente que sabe que hago mis obras con objetos de descarte, y prefieren ofrecérmelas antes que tirarlas.

A veces estos objetos me dan una idea para una obra o un personaje en particular. Los miro y, por asociación libre, inmediatamente “veo” en lo que podrían convertirse, sobre todo llevados a otra escala: un caracol es un turbante, una semilla hueca es una cuna, etc. Otras veces, simplemente los guardo sabiendo que la inspiración me llegará luego; y particularmente con cosas orgánicas, el mismo proceso de preservarlas, como el secado de las flores en un libro, se transforma en una especie de ritual que ayuda al estado creativo. Utilizar objetos encontrados colabora con el proceso de la creación porque me alimenta de ideas que creo que nunca habría tenido si no fuera por esos elementos. La naturaleza me ayuda mucho porque está llena de increíbles metáforas: la vida contenida en una semilla, esperando por sólo un poquito de agua para explotar; todas las posibilidades, todo el potencial, durmiendo. Pero los objetos industriales también contribuyen con otro tipo de ideas que son igualmente disfrutables.

Una parte muy importante –y divertida—del proceso, es desarmar electrónicos y máquinas; me siento como un chico investigando qué hay adentro del objeto, tratando de descubrir su misterio. Creo que hay una belleza que emerge de las cosas una vez que pierden su uso original, como si de repente se hicieran visibles. Luego de desarmarlas, selecciono las partes que me interesan (más que nada circuitos y partes metálicas porque no soy muy amiga del plástico) y rápidamente las clasifico en cajas.

Otra parte del proceso que disfruto muchísimo es hacer las caras para mis personajes. Uso mayormente arcilla de papel (una pasta de consistencia arcillosa hecha a base de papel, como el papel maché). En general hago diferentes caras para futuros personajes sin saber quienes serán. Después, despliego en el piso tantos objetos y elementos como me permita el espacio disponible de mi pequeño estudio, me rodeo de ellos, esperando encontrar uno que me “diga” algo, o que sea “perfecto” para una pieza. Muchas veces simplemente le pongo una cabeza a un objeto inanimado, para verlo cobrar vida, y eso es todo, esa es la obra. Así es como muchas de mis “Guardianas” han nacido. Como bien me dijo recientemente la hija de una galerista, de siete años de edad, refiriéndose a mis trabajos: “Todas son distintas, pero todas tienen tus caras. Si no tiene una cara, no sos vos.”

Me gusta combinar elementos que son opuestos o que generan algo así como una contradicción o un fuerte contraste. Por ejemplo en ‘Animas en la Matrix’ trato de representar personajes y actividades que expresan humanidad, capricho, libertad o calidez, pero que viven en un frío mundo de máquinas. Para ello, incorporo elementos naturales y objetos de la vida cotidiana con partes internas de máquinas; combino el humor con temas filosóficos también.

Una de las cosas que más recientemente aparecieron en mis obras bidimensionales fue la inclusión de elementos encontrados (flores, raíces, tela, partes de máquinas) en el lienzo, como parte de la pintura. Algunas de estas pinturas estuvieron en mi cabeza por mucho tiempo; había hecho bocetos hace más de un año, pero estuve esperando encontrar algo nuevo en la técnica y los materiales. Estoy convencida de que haber trabajado en la tercera dimensión estos últimos años, ha contribuido a que mi pintura sea más fuerte y audaz, probablemente porque soy más osada al combinar elementos en la escultura, y la pintura todavía me resulta un poco más intelectual, más subordinada a una idea prev
ia. Uno de mis objetivos al trabajar es poder descubrir algo inesperado; partir de una sensacion o idea de lo que quiero hacer, pero dejar que la obra me sorprenda.

En cuanto a la narrativa, trato no sólo de expresar mis propias ideas sobre algo o de reflejar una idea personal, sino también de generar un medio de comunicación, una buena excusa para empezar un diálogo, y con suerte encontrar imágenes y metáforas que nos hagan darnos cuenta de cuán conectados o desconectados estamos, con nosotros mismos, entre nosotros, y con el mundo que nos rodea. Creo que para ser una buena artista, primero debo ser buena observadora; y debo comprender principalmente que la obra no es totalmente mía, sino que surge de mí pero es algo vivo que crece y cambia dependiendo de a dónde va y con quién se encuentra.

Algunos de mis trabajos reflexionan sobre temas como lo material y lo espiritual (no necesariamente religioso): qué tenemos versus quiénes somos, qué aspecto mostramos versus cómo nos sentimos, cómo nos ven otros versus qué imagen tenemos de nosotros mismos. Más de una vez he pintado una princesa que lo tiene todo excepto lo que ella más quiere, y está presa en su castillo, es otro objeto de decoración, está atrapada en su privilegio, aislada del mundo exterior.

Me divierte explorar qué es lo que atrae a seres de naturalezas diferentes –algunos tienen raíces, otros se mueven de aquí para allá; algunos viven bajo tierra, otros vuelan; algunos construyen puentes para conectarse con otros, y a otros les crecen escaleras. Estos personajes tienen una apariencia mítica, pero más allá de eso, son simplemente metáforas.

Curiosamente, personajes con alas y raíces aparecieron en mi obra en cuanto dejé mi país para vivir en un nuevo lugar. Mis padres son inmigrantes, y mis cuatro abuelos lo fueron también. Tengo varios trabajos en el tema de sentirse extraño en un nuevo lugar o entre gente diferente, sin comprender los códigos locales, creando una nueva identidad en el nuevo lugar sin desprenderse de las viejas referencias. Me consuela pensar que el lado positivo del desarraigo es que uno puede desarrollar sus alas aún mas que en la propia tierra.

Otro tema que me es muy significativo es la desmitificación de ciertas nociones. Algunas de nuestras concepciones de fuerza y debilidad, miedo y coraje, femineidad y masculinidad, etcétera, están –para mí— equivocadas, pero igualmente todos las asimilamos aunque sólo sea a nivel inconsciente. Las hemos aprendido de personas, instituciones o corporaciones con sus propios conceptos de lo que es bueno y malo, normal y anormal, bello y desagradable, y que tienen el poder de juzgar, condenar, aislar, castigar y reformar.

Así como la vida surge y se organiza de un caos natural, intento, desde el desorden de deshechos amontonados en mi estudio, crear un universo con sentido propio, plagado de personajes que cuenten sus propias historias, y con ellas ojalá nos inspiren a imaginar otras, nuevas metáforas, y nos movilicen para pensar en todas esas cosas que, sin la imaginería como aliada, se hacen aun más difíciles de pensar.

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I am by nature a trash collector; I've always been, since when I was very little. For me, saving a beautiful object from the trash, is worth more than buying anything beautiful. Probably because I grew up in a family where even though my basic needs were covered –sometimes with a lot of effort—there wasn’t extra money to be spent on superfluous things, and I learned that limitations are a natural part of life, and have been (and still are) very helpful to awaken my own creativity and empower me to be self-sufficient. Thanks to the fact that my parents dedicated themselves to look for good public education particularly in the artistic area, I’ve been fortunate enough to find myself in classes and workshops where this skill of creating “with whatever is at hand” was encouraged by the teachers.

I rescue about every object or element that I can find. It could be something that falls from a tree, a seed, a feather, an interesting rock, dry flowers... I even save the roots from the weeds in my backyard after I pull them out; or it could be a discarded piece of wood or hardware, or parts from electronics that don't work anymore. Many of these things I find at home or just around the neighborhood, and other things are donations I receive from people who already know I create with found objects, and they rather offer them to me before throwing them away.

Some times these objects give me an idea for a particular piece or character. I look at them and, by free association, I immediately “see” what they could become specially if I bring them to a complete different scale: a sea shell is a turban, a hollow seed is a baby’s chariot, etc. Other times, I just save them knowing that I'll get inspiration later; and particularly with organic things, just the process of preservation, like pressing flowers, feels like a ritual that sets the mood for creation. Using found objects helps in the creative process by feeding me with ideas that I believe might never come to me without those particular objects. Nature makes it easier for me because is filled with wonderful metaphors: life contained in a seed, waiting to have a little water to explode; all the possibilities, all the potential, just dormant. But industrial objects contribute with other type of ideas that I enjoy as much.

A very important --and fun-- part of the process, is disassembling electronics and machines; I feel like a child investigating what's inside the object, trying to discover its mystery. I believe there's a beauty that emerges from things that lost their intended purpose, as if all of the sudden they become visible. I select the parts that interest me (mostly circuit boards and all metal parts because I'm not very fond of plastic) and quickly classify them in boxes.

Another part of the process that I really enjoy is making the faces for my characters. I mainly use paper-clay (a clay-like paste made of paper, like a paper-mache). Most times, I just make different faces for future characters not knowing what they will become. Then, I put on the floor as many objects and elements as the available space in my studio allows, and surround myself with them in order to find the one that "speaks" to me, or that is "perfect" for a particular piece. A lot of times I just put a head with a face to an inanimate object, to make it come alive, and that's it, that's the whole piece. That’s how many of my ‘Guardianas’ have come to exist. Like a very acute seven year old gallery owner’s daughter said to me recently, referring to my art pieces: “They are all different, but they all have your faces. If it doesn’t have a face, is not you.”

I like combining elements that are very different or that create something like a contradiction or a strong contrast. For instance in 'Animas in the Matrix' I try to represent characters and activities that express humanity, whim, freedom or warmth, but live in a cold world of machines. For that purpose, I incorporate natural elements and objects from everyday life with the insides of a machine; I join humor with philosophical matters as well.

One of the things that more recently appeared on my two dimensional works, was the inclusion of found elements (flowers, roots, fabric, metal parts) on the actual canvas, together with the painting. Some of these paintings were in my head for a long time; I had made sketches more than a year ago, but I had been waiting to come across something new in regards to the technique and medium. I'm certain that working on the third dimension for a few years now, has helped my painting grow stronger and more audacious, probably because I am fearless when it comes to combining elements on the three-dimensional works, and painting is still a little more intellectual for me, and a bit more attached to a previous idea. One of my goals when I'm working is to be able to discover something unexpected; to begin with a feeling or an idea of what I want, but to let the piece surprise me.

In terms of the narrative, I try not only to express my feelings about something or to reflect a personal idea, but to generate a means of communication, a good excuse to start a dialogue, and hopefully find images and metaphors that makes us realize how connected or disconnected we are, with ourselves, between each other, and to the world around us. I think in order to become a good artist, I must be a good observer first; and I have to understand that my art works are not completely mine, and that even though they are born from me they will grow and change depending on where they go and who is around them.

Some of my works reflect on themes like materialism and spirituality (not necessarily religious); what we have versus who we are, what we look like versus how we feel, how others see us versus how we see ourselves. More than once I’ve painted a princess that has everything except what she wants, and she a prisoner in her castle, another object of decor, she’s trapped in her privilege, cut off from the world outside.

I have fun exploring what makes beings from different nature attract each other –some have roots, others move around; some live underground, others fly; some build bridges to connect with others, and others grow staircases. These characters have a mythical appearance, but beyond that, they are just metaphors.

Curiously, characters with wings and roots appeared in my work when I had recently left my country and made home in a new place. My parents are immigrants, and my four grandparents were immigrants too. I have quite a few pieces about feeling like a stranger in a new place or among different people, not understanding the local code, creating an identity in a new place without detaching oneself from the old references. It comforts me to think that the positive side of being uprooted is that we can develop larger wings than on our own land.

Another theme that is very significant for me is demythologizing certain notions. Some of our ideas of strength and weakness, fear and confidence, femininity and masculinity, etc, are --for me—misconceptions, but we still assimilate them even if it’s only at a subconscious level. We have learned them from people, institutions and corporations with their own concepts of what’s good or bad, normal and abnormal, beautiful and unpleasant, and that have the power to judge, condemn, isolate, punish and reform.

In the same way that life emerges and organizes itself from a natural chaos, I try, from the piled trash in my studio, to create a new universe that makes sense, plagued with characters who tell their own stories and hopefully inspire us to imagine our own metaphors, and mobilize us to think about all these things that, without imagery as our ally, will be even much harder to think.

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